¿Quién si no lo hará, si no lo haces tú?

Si no haces por ti lo que nadie hará, ¿quién esperas que lo haga?

A veces pasamos tanto tiempo pendientes de los demás que terminamos olvidándonos de nosotros mismos. Estamos para nuestra pareja, nuestros hijos, nuestros padres, nuestros amigos, nuestros compañeros de trabajo… Siempre hay alguien que necesita algo, una tarea pendiente, una llamada que devolver, un problema que resolver.

Y así, casi sin darnos cuenta, vamos dejando para después lo que sentimos, lo que necesitamos y hasta lo que deseamos.

Nos decimos que ya habrá tiempo para descansar, para cambiar aquello que nos hace daño, para retomar ese sueño que dejamos aparcado o, simplemente, para disfrutar de un rato sin obligaciones. Pero ese momento perfecto rara vez llega por sí solo.

Nadie puede vivir tu vida por ti. Nadie puede poner siempre tus necesidades en primer lugar si tú nunca les haces un hueco.

Y no, no se trata de volverse egoísta, de dejar de ayudar ni de dar la espalda a quienes queremos. Se trata de comprender que cuidar de los demás no debería implicar abandonarnos a nosotros mismos.

Puedes querer mucho a alguien y decirle que hoy no puedes. Puedes ser responsable sin cargar con todo. Puedes estar presente sin estar disponible a todas horas. Y puedes cambiar de rumbo, aunque los demás se hayan acostumbrado a que siempre sigas el mismo.

Porque hay una diferencia enorme entre ayudar porque quieres y hacerlo porque sientes que no tienes derecho a negarte.

A veces, el primer paso para recuperar tu bienestar no es hacer algo extraordinario. Es algo tan sencillo —y tan difícil— como escucharte, reconocer que estás cansado, poner un límite o dejar de posponer aquello que sabes que necesitas.

No esperes a que el agotamiento te obligue a parar. No necesitas tocar fondo para darte permiso para cambiar.

Empieza por ti. No porque los demás importen menos, sino porque tú también importas.

Y si hoy necesitas descansar, descansa. Si necesitas decir que no, dilo. Si llevas demasiado tiempo dejando tus sueños para mañana, busca la manera de darles un pequeño espacio hoy.

No tienes que resolverlo todo de golpe. Basta con dejar de tratarte como si siempre pudieras esperar.

Porque cuidar de uno mismo no es egoísmo, es salud.


Y recuerda: si tú no empiezas a hacer por ti aquello que necesitas, puede que nadie lo haga en tu lugar.

Al final, ser feliz no consiste en tenerlo todo bajo control ni en cumplir siempre con todo el mundo. También consiste en aprender a no olvidarte de ti mientras intentas que los demás estén bien.

Porque tu vida también merece tu atención, tu tiempo y tu cariño.

Recuérdalo siempre …

#serfeliznocuestatanto