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¡Ser feliz, no cuesta tanto!

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Publicaciones de la categoría: Reflexiones

Querible

09 miércoles Sep 2026

Posted by muchoquecontarydecir in Reflexiones

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Hay palabras que utilizamos todos los días.

Y hay otras que, aunque quizá no formen parte de nuestro vocabulario habitual, cuando las descubrimos nos hacen pensar.

Querible es una de ellas.

Una palabra sencilla. Bonita. Y, para mí, tremendamente necesaria.

Porque querible puede entenderse como aquello o aquella persona que es digna de querer.

Y entonces aparece una pregunta que merece la pena hacerse:

¿No somos todos, por el simple hecho de ser personas, dignos de ser queridos?

Creo que sí.

Somos queribles

Somos queribles en nuestra familia.

En el colegio.

En el trabajo.

Con nuestros amigos.

En los grupos de los que formamos parte.

Incluso en las redes sociales, donde a veces parece que todo se reduce a conseguir aprobación, corazones, comentarios y seguidores.

Somos queribles también allí.

Pero hay algo importante que conviene recordar:

ser querible no significa ser perfecto.

No significa caer bien a todo el mundo.

No significa acertar siempre.

No significa no equivocarnos.

Ni estar libres de nuestros defectos, nuestras contradicciones, nuestros malos días o incluso de esa parte de nosotros que preferiríamos que no existiera.

Somos humanos.

Y precisamente por eso somos imperfectos.

¿Cuándo dejamos de sentirnos queribles?

Quizá nacemos sabiendo algo que después vamos olvidando.

Un niño pequeño no necesita demostrar que merece cariño.

No necesita tener un buen expediente.

No necesita conseguir un determinado trabajo.

No necesita vestir de una determinada manera.

No necesita tener éxito.

Simplemente es.

Y espera ser querido.

Después crecemos.

Y, poco a poco, empezamos a construir nuestra idea de nosotros mismos a partir de lo que escuchamos, de lo que vivimos y, sobre todo, de cómo creemos que los demás nos ven.

Aprendemos a compararnos.

A competir.

A buscar reconocimiento.

A defender lo nuestro.

A demostrar que somos mejores.

A esconder nuestras debilidades.

A aparentar que todo está bien cuando no lo está.

Y casi sin darnos cuenta, podemos llegar a confundir una cosa con otra:

creemos que para ser queridos tenemos que demostrar que lo merecemos.

Y quizá ahí empieza parte del problema.

No podemos gustarle a todo el mundo

Por supuesto que no.

Y tampoco deberíamos pretenderlo.

Como decimos por Andalucía:

«Ca’ uno es ca’ uno».

Cada persona tiene su historia, sus valores, sus circunstancias, sus heridas, sus preferencias y su particular manera de entender la vida.

Habrá personas a las que les gustemos.

Otras a las que no.

Habrá quienes nos comprendan.

Y quienes nos juzguen.

Habrá quienes se queden a nuestro lado.

Y quienes decidan marcharse.

Y eso también forma parte de vivir.

Ser querible no significa ser querido por todos.

Significa entender que nuestro valor como personas no debería depender de conseguir la aprobación de todos.

Pero el respeto hay que construirlo

Aquí aparece un matiz importante.

Que todos seamos dignos de querer no significa que todos nuestros comportamientos sean aceptables.

El cariño no elimina la responsabilidad.

La empatía no significa permitirlo todo.

Y ser una persona querible tampoco nos exime de trabajar cada día para merecer la confianza y el respeto de quienes nos rodean.

La confianza se construye.

Con nuestros actos.

Con nuestra palabra.

Con la manera en que tratamos a los demás.

Con la generosidad.

Con la capacidad de reconocer nuestros errores.

Con esos pequeños gestos que quizá nadie aplaude, pero que dicen mucho de quiénes somos.

Ser querible es un punto de partida.

Lo que hacemos después con nuestra vida es lo que construye nuestra historia.

Y hay alguien a quien no podemos olvidar

Nosotros mismos.

Porque quizá dedicamos demasiado tiempo a preguntarnos:

«¿Me querrán?»

Y demasiado poco a preguntarnos:

«¿Me quiero yo?»

No hablo de narcisismo.

Ni de creernos mejores que nadie.

Hablo de algo mucho más sencillo:

tratarnos con la misma comprensión que ofrecemos a las personas que queremos.

Perdonarnos algún error.

Aceptar que no siempre tenemos razón.

Reconocer nuestros propios logros.

Darnos permiso para descansar.

Entender que tener un mal día no nos convierte en una mala persona.

Y recordar que nuestra vida no pierde valor porque alguien haya decidido no quedarse en ella.

Quizá quererse a uno mismo no consista en pensar que todo lo hacemos bien.

Quizá consista simplemente en poder mirarnos al espejo y decir:

«No soy perfecto. Pero sigo siendo digno de querer.»

Queribles

Quizá esa sea una palabra que deberíamos recuperar.

Para hablar con nuestros hijos.

Para tratar a nuestros compañeros.

Para relacionarnos con nuestros amigos.

Para mirar a quienes piensan diferente.

Y, sobre todo, para hablarnos a nosotros mismos.

Porque si conseguimos recordar que somos queribles, quizá también nos resulte un poco más fácil hacer queribles nuestras relaciones.

  • Ser más pacientes.
  • Escuchar un poco más.
  • Juzgar un poco menos.
  • Dar una segunda oportunidad.
  • Sonreír.
  • Ayudar.
  • Abrazar.
  • Decir «lo siento».
  • Decir «gracias».
  • Decir «te quiero».

Y hacer todas esas pequeñas cosas que, sin cambiar el mundo entero, pueden cambiar el pequeño mundo de alguien que tenemos cerca.

Al final, quizá la felicidad no consista en conseguir que todo salga como queremos.

Quizá tenga mucho más que ver con aprender a vivir sabiendo quiénes somos, aceptar que somos imperfectos y tratar de hacer un poquito más amable el camino de quienes caminan a nuestro lado.

Y por supuesto…

empezando por nosotros mismos.

Porque somos queribles.

Tú también.

Y yo también. 😉

#Serfeliznocuestatanto.

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